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26/10/10

Entender La Muerte

Entender La Muerte

La Muerte es uno de los momentos de la vida que más cuesta entender porque no nos han educado para comprenderla, y esto debería cambiar porque la muerte forma parte de la vida.

Se nos presentó como algo traumático en vez de mostrarla como algo natural que debemos comprender y asimilar. 


En primer lugar la palabra muerte debería desaparecer, se debería llamar "Trascender" porque eso es lo que hacemos, pasar de un estado de conciencia a otro superior, abandonando el cuerpo.


Nuestro desconocimiento ante la "Trascendencia", nos hace sentirnos pequeños y temerosos...
Todos los miedos que tenemos en la Vida, la no aceptación de los ciclos, el aferramiento y las falsas seguridades que nos creamos tienen la raiz en el miedo y no entendimiento a la Muerte.


Solo el conocimiento y el entendimiento nos enseña para que nacemos, para que estamos un tiempo determinado y para que abandonamos el cuerpo..Es un eslabón perdido en la educación, la ocultamos, la esquivamos y no queremos saber.


Si miramos de forma lineal solo vemos la pérdida y el drama, si miramos con los sentidos del Alma vemos la totalidad...el sentido de la Vida del ser querido y el sentido del abandono del cuerpo físico...


La pregunta no sería porque morimos, sino hacia donde vamos, pero para eso tenemos que entender quienes somos

Cuando un Ser Querido abandona ésta densidad en la que experimentamos la Vida, está naciendo en otros planos de existencia continuando con su evolución.
Son los sentidos físicos de los que quedamos aquí los que no nos permiten ver y oír a los que se van, pero si abandonamos el apego y el sufrimiento y activamos el Amor incondicional hacia la persona que ha emprendido el viaje a otro nuevo mundo, los sentidos del Alma podrán percibir la energía y el Amor del Ser querido que se fue.


Tenemos que entender que venimos durante un tiempo determinado para aprender, necesitando un vehículo para movernos, que se llama cuerpo y cuando hemos terminado nuestro propósito y llega el momento de partir, se abandona el cuerpo para seguir hacia otros mundos mas sutiles o para dar vida a otro vehículo con otros atributos necesarios para seguir nuestro sendero de aprendizaje y recordatorio.


Hay personas que están toda una vida porque lo necesitan para su evolución, pero otras se van pronto porque ya terminaron lo que vinieron aprender aquí, otras veces no tienen que aprender, solo aportar a alguien un aprendizaje y cuando su misión ha terminado se van.


La forma de irnos es una incógnita, se que muchas formas de dejar el cuerpo son un poco incomprensibles, pero todo tiene su razón de ser, todo tiene un propósito aún mayor, cada cosa que hacemos en éste mundo, hasta el último momento tiene una razón, un entramado, casi siempre aprendizajes para todas las partes involucradas, para todos los que rodean al Ser, otras veces es una sanación y eliminación del karma..

Nosotros vemos un cuerpo sin vida, pero la vida sigue en otro plano...
El Ser querido que se va sigue vivo volviendo a su esencia original…es su cuerpo el que ya no está animado por su esencia.

Recuerda la chispa de vida que tenía en sus ojos, recuerda su energía.
El Ser querido que se va sigue vivo porque no puede ser otra cosa mas que Vida, porque es infinita Conciencia que no puede ser destruida.
Todo lo que era y es, ahora existe en otra frecuencia diferente que nuestros sentidos físicos no pueden percibir, simplemente ha dejado ésta pequeña frecuencia para pasar a otra superior.


El sufrimiento que emanan los que se quedan aquí, llega a los que se van y han emprendido el nuevo camino....lo captan.
Hay que enviarles Serenidad y mucho cariño desde el Corazón para que acepten con armonía su nueva situación.
A través de la oración podemos enviarles lindos pensamientos, y dar las gracias por todo el tiempo que disfrutamos de su compañía y de todo lo bueno que nos aportó.

Los pensamientos y oraciones son energía y la energía viaja por todo el Cosmos y allá donde se encuentren les llega, por eso es importante serenarse y enviarles mucho Amor.

Cuando un Ser querido se baya escribe una oración bella, que te salga del Corazón.... que conecte con su Alma.

Por ejemplo...
( Di su nombre o parentesco) te envío mucho Amor desde mi corazón para que tu nuevo tránsito sea de Paz y Armonía.
Gracias, por ayudarme a Crecer, por darme tu tiempo y tu sabiduría, Gracias por se un gran Maestro en mi Vida
( Di su nombre o parentesco) no puedo verte porque mis ojos no me lo permiten pero siento tu energía y tu Amor..
Quiero que sepas que te quiero mucho, se que estarás cerca y que cuando llegue mi momento de trascender nos volveremos a ver..
Gracias por haberme acompañado en ésta Vida...

No escribas oraciones de tristeza porque el Ser querido las recibirá de igual manera, envialé oraciones de Alegría, de Amor y de Gratitud...

Bendice todo el tiempo que estubo en ésta vida, bendice cada momento que te acompañó, que te hizo experimentar y sentir Amor.
Bendice todos los momentos gratificantes que pasasteis juntos.

Si por casualidad en tu corazón se te quedó una espinita, algo que querías decirle y no pudiste, algún conflicto que hallas tenido en ésta vida, y que no fue resuelto, díselo en tus oraciones, hazle saber que todo está bien, perdona y perdónate a ti mismo/a también... y todo quedará zanjado porque le llegarán tus sentimientos...

Los pensamientos junto con las emociones crean un sentimiento y es éste sentimiento el que conecta con todas las dimensiones, por ello debes poner emociones bellas a tus oraciones...

Al no estar preparados para afrontar éste tránsito, la idea de la pérdida, es casi insoportable para las familias, por ello os aconsejo un lindo libro de Elísabeth Kübler-Ross.

Si deseas adquirirlo pincha en el enlace que hay debajo de la foto.


                            La Muerte un Nuevo Amanecer...

   
     Aquí tenéis el libro de La Muerte Lúcida de Paloma Cabadas...


                      LaRueda de la Vida de Elisabeth Kübler-Ross


Vivimos en un momento donde ya no hay secretos para nadie, el Conocimiento se está desplegando a gran velocidad, ya está en el libre albedrío de cada uno de nosotros querer verlo y utilizarlo..
Al darnos permiso de "saber" el propio conocimiento y sabiduría interior se despliega a la vez...

Es Natural que se sienta tristeza en una separación sabiendo que no podemos besarlos, abrazarlos, ni verlos fisicamente...como todo en la vida se necesita un tiempo de asimilación, pero el conocimiento, entendimiento y el Amor nos ayuda a soltar todos los porqués, los temores e inseguridades y podemos seguir avanzando en nuestro crecimiento interior acompañados de los mejores recuerdos del ser querido.
Luz y Amor para que encuentres la Paz en tu Corazón...


(Montse y Javi de Serena tu Mente)

Hay un libro muy especial, muy ameno y terapeútico, muy interesante y renovador a la vez, que leí hace unos años y que deseo compartir con vosotros...
"Muchas Vidas, Muchos Maestros" del Dtor. Brian Weiss..
Weiss es psiquiatra de la Universidad de Yale y Director Honorario del Departamento de Psiquiatría de Hospital Mount Sinai en Miami, Estados Unidos y relata su experiencia con una joven paciente que tras someterse a una sesión de hipnosis, tuvo la posibilidad de recordar varias de sus vidas pasadas, en las cuales pudo descubrir el origen de algunos de sus traumas del presente ante la sorpresa del Doctor Weiss que para ese entonces no creía mas que en lo que era demostrable...ante ésta experiencia su forma de ver la Vida cambió totalmente...
Es una de las tantas experiencias que merece ser leídas...y mas viniendo de un profesional de la Salud.
                             Muchas Vidas, Muchos Maestros

Si sientes que ésta reflexión puede orientar y ayudar a tus Amigos y Familiares, hazles llegar el enlace.

Un Gran Abrazo, siempre
Gracias por contribuir y apoyar nuestra labor con tu donación... Gracias por tu Acompañamiento y Generosidad
                                                           

Comparto un documento que escribió Emilio Carrillo sobre el Tránsito...
Emilio Carrillo es un Alma Consciente que en éste plano material tuvo una experiencia cercana a la Muerte transformándo su dimensión espiritual hacia grados de frecuencias superiores.

VIDA MÁS ALLÁ DE LA VIDA


EL TRÁNSITO: VIDA MÁS ALLÁ DE LA VIDA

La muerte no existe

La muerte es un imposible, una fantasma, sólo eso, de la imaginación humana. La Creación y el Cosmos son una colosal manifestación de Vida y Consciencia. También el ser humano, por lo que lo que auténticamente somos (vida) y sentimos que somos (consciencia, estado consciencial) trasciende rotunda e infinitamente de lo que una vida física y la existencia durante unos pocos años significan. En este marco, lo que la Humanidad denomina muerte no es tal, sino el punto evolutivo y la fase de transición entre el fin de un ciclo vital (la vida física y la encarnación material que termina) y el inicio de otro ciclo vital (una nueva reencarnación en una nueva vida física).

La evolución y los ciclos son consustanciales a la Creación. Nuestros ancestros se percataron de esto y lo condensaron en lo que El Kybalion denomina Principio de Ritmo. Y el Cosmos y la Naturaleza se renuevan y regeneran, fluyen y refluyen, mediante los cambios de ciclo. De este modo, tener miedo a la muerte es tenerlo a la vida, pues no hay vida sin muerte ni muerte sin vida. Y comprender la muerte es entender la vida. La muerte corporal es un apagado; y el nacimiento físico, un encendido. Por cada apagado hay un encendido y, así, se recrea y expande nuestra existencia en el plano humano a través de una prolongada cadena de vidas o reencarnaciones.

La mayoría de las tradiciones y corrientes espirituales de la Humanidad nos enseñan que nuestra encarnación en este plano material no se plasma en una única vida física, sino en una cadena de vidas a través de múltiples reencarnaciones. De hecho, la reencarnación es el sostén de la experiencia humana, que ni empieza ni concluye con la vida física actual. Tomar consciencia de esto alivia el estrés, por llamarlo de algún modo, con el que algunas personas viven su espiritualidad, máxime cuando va unido a las nociones de culpa y pecado, lo que transforma la espiritualidad en una trampa mortal que nos impide vivir y disfrutar de la Creación y de nuestro auténtico ser, haciéndonos “manipulables” y “religioso-dependientes”. Además, antes de cada reencarnación, es cada uno -nosotros mismos y sólo nosotros- quien elige “el yo y las circunstancias” que desea vivenciar y las experiencias que quiere desplegar en la nueva vida (las páginas de Física de la Deidad se detienen en estos aspectos).

Conviene repetirlo: tener miedo a la muerte es tener miedo a la vida. Y para conocernos a nosotros mismos y vivir la vida hay que comprender y asumir la muerte. Por lo que discernir acerca de ésta y otear lo que representa no es un juego mental, ni otra de nuestras muchas obsesiones intelectuales relacionadas con el futuro. Al contrario, resulta imprescindible para vivir el Aquí y Ahora, que es la vida misma; y para perderle el miedo, que es el medio para saborear el Aquí y Ahora como se merece y sacarle a la vida todo su jugo.

No esconder la muerte.... morirse a gusto 
La sociedad occidental contemporánea contempla la muerte de forma muy distinta a la que se acaba de exponer. Es más, entre sus numerosas neurosis, adolece de una francamente curiosa: el empeño en negar emocionalmente la muerte y procurar mantenerla oculta. Cada vez más, se tiende a esconder la muerte. Parece como si fallecer fuera un desliz extemporáneo, una falta de educación o hasta una perversidad, algo que hay ocultar, sobremanera a los niños, en lugar de acostumbrarlos a experienciar lo que el tránsito significa como primer paso para que no vivan con miedo a la muerte. 

Pocas personas fallecen ya en su casa y casi no hay velatorios en el hogar. Inmediatamente producido el óbito, el cuerpo se envía desde hospital al tanatorio para proceder, con la mayor rapidez posible, al enterramiento o la incineración. Todo muy eficaz, pulcro, atildado y profiláctico, con protocolos –incluidos los famosos “pésames”- tan impersonales como perfectamente pre-establecidos, tan automatizados como carentes de sentimiento. Si es preciso y para hacerle “un favor” a la familia, hasta se certifica médicamente una hora distinta a la que realmente ha acontecido el fallecimiento al objeto de acelerar los trámites y recortar los tiempos de espera y el duelo.

El siguiente texto, Morirse a gusto, de Alejandro Rocamora, psiquiatra y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza, es muy aclaratorio al respecto y, entre otras cosas, cita un libro muy aconsejable para quien quiera reflexionar sobre lo que se viene exponiendo: Morir en la Ternura (Ediciones San Pablo), de Cristiane Jomain.

MORIRSE A GUSTO 
El hombre actual contempla la muerte como el fracaso de su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza. 
El “hombre tecnificado” puede controlar y manipular casi todo, pero se encuentra indefenso ante el hecho innegable de la muerte. Así, la muerte y el morir no tienen cabida en las sociedades industrializadas, no afectan a los sistemas productivos. La muerte, la agonía y la senectud son consideradas como representación de la impotencia de la moderna tecnología biomédica. 

Y esto es así porque una sociedad centrada en “valores” como el consumo, la producción y la eficacia, necesariamente debe repudiar todo lo que no sea: acción, rendimiento y vitalidad. La muerte, el hecho de morir, implica destrucción y negación de todos esos valores actuales y por esto, la muerte hoy, es un “anti-valor”.

Hasta mediados del siglo XX el gran tabú del ser humano era el sexo, después fue la muerte y actualmente nos atreveríamos a decir que es la situación posterior a la muerte en los supervivientes: el duelo.

En el mismo lenguaje reflejamos nuestro miedo a la muerte al utilizar sinónimos o equivalentes de la angustiosa realidad que supone el morir: “ha fallecido”, “ha pasado a mejor vida”, “descanse en paz”, etc. son algunas de las frases que utilizamos en esos momentos. Incluso el duelo y la aflicción por la muerte de un fa miliar ya no son tan aceptados como en otras épocas.

Se ha cambiado la forma ideal de morir: antes se deseaba una forma consciente, lúcida y con un apoyo espiritual y sacramental; hoy se desea una muerte rápida y sin sufrimiento (¿sufrió mucho?, ¿se enteró?, son las preguntas más frecuentes en estas circunstancias).

Con frecuencia, cuando un enfermo terminal afirma: “Me voy a morir”, los familiares suelen con testar: “Todos tenemos que morir; nosotros también nos vamos a morir”. Pero esta respuesta no es sincera: pues el enfermo habla de “morirse” (se está muriendo) y el familiar se refiere a un proceso que dura toda la vida.

Freud (1915), en Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte, señala que “la única manera de hablar de la muerte es negándola”, aunque al final de ese mismo trabajo concluye: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”. Desde que el hombre existe se ha observado una actitud de ambivalencia, de deseo y de rechazo, de amor y de odio, hacia la muerte; no obstante, mientras el hombre primitivo encontró una salida en su animismo, al hombre actual esa ambivalencia le lleva a la culpa y consiguientemente a la neurosis.

La negación emocional de la muerte puede tener diversos ropajes: desde la preocupación, la ansiedad y el temor, que son las más comunes, hasta una hiperactividad (culto al trabajo), el narcisismo (culto a sí mismo) o la confianza ciega en la ciencia para evitar la muerte (culto a la técnica médica).

Es cierto que la muerte nos hace a todos iguales: tanto el rey como el vagabundo deben enfrentar se a este hecho de vida en soledad. La muerte es la única vivencia que no podemos compartir. Pero también es cierto que este momento importante de la vida depende fundamentalmente de dos situaciones: ¿cómo se ha vivido?; y ¿cómo se siente ante el entorno? Es decir, morir en paz no se improvisa, sino que estará en función de cómo se ha desarrollado la vida: intereses, valores y sentimientos estarán ayudando o entorpeciendo el ‘bien morir’. Pero también de cómo se realice el momento de morirse (en casa, en el hospital, con sufrimiento, lúcido, etc.) favorecerá o entorpecerá una “muerte digna”.

Morirse a disgusto, según la autora de Morir en la ternura, Cristiane Jomain, se desarrollaría entre dos polos: la desgracia de morir en soledad y la desgracia de no tener un espacio de soledad necesario para vivir. El primer supuesto está amenazado en nuestra cultura pues tendemos a negar la muerte de nuestro familiar en la falsa creencia de que no se dará cuenta, pero igual se siente solo al no poder compartir su miedo ante la muerte próxima. La segunda necesidad del moribundo es la de tener un espacio psicológico para poder elaborar la eminente pérdida de la vida y poder despedirse, sin trauma y también sin agobio. En este sentido, una excesiva presencia de los familiares y de los cuidadores dificultaría el proceso de “morirse a gusto”. Habría que añadir una tercera necesidad del moribundo: la ausencia de sufrimiento inútil, que lo único que consigue es prolongar una vida vegetal. Si se dan estas tres condiciones, entonces si que podríamos decir que se produce una “muerte a gusto”.

Despedidas 
No obstante, en los últimos años, al calor del renacer de consciencia que vivencia la Humanidad, ese gran espacio abierto a todos los públicos que es el cine ha prestado a la muerte una atención creciente. En la memoria colectiva se encuentran, por ejemplo, las películas Ghost (de 1990, dirigida por Jerry Zucker y protagonizada por Demi Moore y Patrick Swayze) o The Sixth Sense –El Sexto Sentido- (de 1999, realizada bajo la batuta de M. Night Shyamalany y con Bruce Willis y Haley Joel Osment como actores principales). Y más recientemente, cintas como Afterwards –Premonición- (de 2008, dirigida por Gilles Bourdos y con Romain Duris, John Malkovich y Evangelin Lilly en los papeles estelares) o Hereafter -Más allá de la vida- (de 2010, realizada por Clint Eastwood y protagonizada por Matt Damon, Cécile de France, Frankie McLaren y George McLaren). 

Se podrían citar otras muchas películas similares, aunque entre todas ellas se trae especialmente aquí el film japonés Ukoribito -Despedidas-, del director Yojiro Takita, que recibió el Oscar 2009 a la mejor película extranjera. En ella se aborda la muerte y sus circunstancias con hondura, tino y dulzura, poniendo en imágenes los sentimientos y conocimientos con relación al óbito que individualmente y socialmente habría que tener siempre muy presentes


UKORIBITO (DESPEDIDAS) 
La cinta, tan poética como aguda y vitalista, gira en torno al convencimiento de que la muerte no es tal, sino la transición hacia otra existencia que nuestro Yo Verdadero acomete cuando el cuerpo –por enfermedad, accidente u otra causa- deja de prestarnos su imprescindible cobertura para continuar nuestra vida física actual. Por tanto, la muerte, utilizando una expresión de la película, es una entrada: no supone el final, sino dejar la etapa presente y encaminarse a la siguiente. 

Para desarrollar esta idea, la cinta cuenta con un espléndido guión de Kundo Koyama y música del excepcional Joe Hisaishi, compositor habitual de las películas de Hayao Miyazaki y de Kitano. La historia pivota sobre dos personajes principales que interaccionan con fluidez y emotividad: uno, joven, Daigo Kobayashi; y el otro, mayor, Shouei Sasaki.

Daigo es un violonchelista que vive el trauma de quedarse sin trabajo al ser disuelta la orquesta en la que tocaba. Tras vender su querido instrumento y gastarse lo que por él le dieron, decide retornar con su esposa Mika a la casa de su madre fallecida y a sus orígenes. Buscando como ganarse la vida, contesta a un anuncio en el que se solicita personal para trabajar en Despedidas. Cree que es una agencia de viajes, pero pronto descubre que es un tanatorio. Aunque no uno cualquiera, pues, en él se hace del amortajamiento una ceremonia tan elegante, bella y serena como la ceremonia del té, otorgando al fallecido un trato exquisito y lleno de cariño.

En su nueva actividad, Daigo debe ocuparse de la preparación de los cadáveres, lo que le permite descubrir la muerte en todas sus facetas. Y las primeras imágenes de Daigo al inicio del film, en mitad de una orquesta con un auditorio silencioso y distante, son sustituidas por otras donde ayuda a amortajar y preparar a los difuntos ante un público mucho más cercano y sensible. Explicando cada paso a los familiares, sus delicadas manos, de auténtico artista, desvisten y lavan los cadáveres con minuciosidad y mimo, los maquilla, prepara y embellece. En correspondencia, los familiares, gente normalmente sencilla, se despiden de él con lágrimas de agradecimiento por un acto tan puro y conmovedor.

Las costumbres niponas son de un gran respeto hacia los fenecidos, así como a las personas de avanzada edad. Hace años, las propias familias se encargaban de embalsamar a los difuntos, hasta que las funerarias se hicieron eco del negocio y lo subcontrataron a empresas. Es a una de ellas a la que se incorpora Diago. El propietario es Shouei Sasaki, el otro personaje central de la película.

Shouei vive de los muertos y es capaz de soportar dicha carga día tras día. Los hechos del pasado lo marcan. De pocas palabras, entrañable, de mirada seria, pero con gran sentido del humor, hace labores de maestro, enseñando a honrar a los muertos y a sus familias en un momento que siempre esta ligado al dolor y la oración. Tal como ve la muerte, contempla la vida.

En las relaciones que se establecen entre Diago y Shouei planea la figura del padre del primero, que Diago perdió en la infancia y del que ahora el joven reniega constantemente, a pesar de los tiernos recuerdos que persisten en su memoria, entremezclados con la afición que tenía cuando niño de observar las formas de las piedras.

Y aprendiendo de la muerte, Diago hace un viaje a la vida. De hecho, es a través de la muerte como encuentra una nueva vida. Adquiere consciencia de que, como le sucede a tanta gente, perseguía un sueño que no es real y que, más que suyo, era de otro. Esto, junto a la mejor comprensión de la muerte, lo impulsa por la senda de una vida más llena.

El montaje y la música son piezas claves en este engranaje. Se utilizan diferentes planos otorgando distintas perspectivas, siempre con el acompañamiento de sonidos provenientes de instrumentos de cuerda. Esta música carga de énfasis tanto los momentos cómicos como los dramáticos, ensalzando al chelo como maestro de ceremonias.

Un acierto de Yojiro Takita, el director, ha sido emplear en Despedidas los cuatro elementos de la Naturaleza para representar su obra. El agua y el fuego nos hablan de la vida y la muerte, impregnando las escenas de color azul y rojo, según convenga, expresando ira, rabia, sollozo, paz o perdón. El chelo representa el viento, un mecanismo para la búsqueda de la paz interior y la fórmula para abrazar al padre que Diago, realmente, no conoció. Y la tierra se configura como la piedra. Un nexo de unión entre padre e hijo y un acercamiento a las culturas ancestrales. En la antigüedad, antes de inventar la escritura, la gente buscaba piedras que representaran sus sentimientos y se las daban a otras personas. La que la recibía, leía el sentir del que se la regalaba por el peso y la textura: una textura lisa significa la mente en paz y la trascendencia espiritual; la rugosa, el interés por los que nos rodea y el mundo material.

Con todas estas claves y guiños, la película nos hace ver que la muerte no es algo tétrico, sino esperanzador y dulce: la muerte como viaje, el último y más importante de nuestra vida actual. Este convencimiento nos enseña a vivir el momento presente sacándole el máximo provecho, a rodearnos con alegría de las personas que queremos y a arriesgarnos, sin miedos, a descubrir el Amor, limando la piedra con nuestras experiencias hasta que quede totalmente lisa, en paz, logrando que nuestra existencia pivote sobre nuestra dimensión espiritual. Será así como, a la hora de la despedida, la afrontaremos con naturalidad, sabiendo que se ha cumplido un ciclo vital y experiencial que es, precisamente, la puerta para otro nuevo y renovado: la muerte como transición, como una parte más de la vida continua y eterna. Y siendo conscientes de que nunca es un "adiós" a los seres queridos, sino un "hasta luego" a las almas que en nuestra cadena de vidas hacen de acompañantes y colaboradoras.

La muerte, en definitiva, como transición y como manifestación de una vida plena y eterna que, en sí misma, es el Milagro.

Interiorizar en el Corazón la vida más allá de la vida: el tránsito de los seres queridos

La muerte, por tanto, no existe. Y perderle el miedo es fundamental para no llenar de miedos la vida. Para ello no basta con que el convencimiento acerca de su inexistencia sea mental o intelectual, sino que es preciso interiorizarlo y que eche raíces en el Corazón. Será así como el miedo al óbito se diluya y nuestra experiencia humana se libere del pesadísimo lastre que representa sobrellevar, de por vida, la carga del miedo a la muerte.

¿Por qué tantas personas viven con miedo a la muerte cuando se consideran a si mismas “creyentes”, sea de la iglesia o tradición espiritual que sea, y en su religiosidad dan por cierto la vida más allá de la vida?. Comparten el convencimiento de que con el fallecimiento del cuerpo físico no termina nada, incluso que dicho acontecimiento abre las puertas a un estado de existencia mucho más glorioso y placentero. Sin embargo, la defunción les aterra y desconcierta. ¿Por qué semejante contradicción?.

Pues además de otros posibles motivos -la prevención ante el dolor que el fin físico suele implicar, el sentimiento de pecado o culpa que les hace recelar ante un castigo en la otra vida,…- , hay una razón principal y claramente mayoritaria que, con frecuencia, se niegan a aceptar: no terminan de interiorizar en su Corazón aquello que mentalmente afirman creer e intelectualmente sostienen. Por esto, su creencia en la otra vida tiene mucho de ficción, de ilusión mental, y carece de verdaderos cimientos en el interior. Y sin estos cimientos, sin esta interiorización auténtica y sincera, el miedo a la muerte no desaparece. Se mantiene ahí, de modo más o menos solapado, impidiendo que se otorgue a la vida, a la de cada uno, la libertad y la paz que la disolución del miedo al óbito comporta.

Hay al respecto una especie de prueba del nueve, valga el símil matemático, para comprobar hasta que punto hemos superado interior y consciencialmente el temor a la muerte y hemos liberado nuestra vida de esa carga. Una prueba que no se centra en la visión que podamos tener con relación a nuestra futura defunción, sino en la reacción que tenemos Aquí y Ahora ante el fallecimiento de nuestros seres queridos.

En este orden, es totalmente lógico y humano que nos cause gran desconsuelo y congoja el óbito de nuestro padre o madre, pareja, hermanos, amigos íntimos,… No digamos ya de hijos o hijas, que, por edad, presenta el agravante de ir contra la “ley de vida”. Ahora bien, ¿hasta que punto?.

Es un tema muy delicado y no se desea aquí zaherir a nadie, respetándose y aceptándose integralmente, faltaría más, todas las vivencias y experiencias. Pero desde el Amor y la honestidad con uno mismo hay que formularse esa pregunta: ¿hasta que punto?, ¿hasta el extremo de que la muerte del ser querido deje sin sentido nuestra vida, la convierta en algo insoportable, nos haga olvidar a los seres queridos que continúan físicamente con nosotros (verbigracia, otros hijos) o genere sentimientos y estados emocionales análogos?.

Ante el dificilísimo trance del fallecimiento de una persona querida, si en nuestro Corazón late la convicción de que con la defunción del cuerpo físico no finaliza la existencia y nuestro ser transita a un plano de Luz (que cada uno le dé el nombre que estime oportuno), de nuestro interior emanará una voz interior que con dulzura, pero con firmeza, nos recordará dos cosas:

1º Con la muerte física no hay pérdida. El ser que encarnó en nuestro ser querido es mucho más que el cuerpo y el aspecto físico que compartió con nosotros durante su vida material. Y continúa vivo más allá de lo que fue su corporeidad, más allá de lo que representó la vida humana que ha dejado.

2º Con la muerte física no hay alejamiento. Quien fue nuestro ser querido sigue a nuestro lado desde el otro plano de vida. Desde ese plano de Luz (se insiste en que cada cual lo denomine como considere conveniente), permanece en conexión directa y constante con nosotros, más incluso que cuando estaba físicamente aquí, pues entonces se producían inevitablemente alejamientos en el día a día (traslados, viajes, ausencias por motivos de trabajo o estudios, vacaciones,…) que ahora ya no tienen lugar.

EN EL CABO NORTE

Supongamos el caso de una familia residente en una ciudad española, por ejemplo Sevilla, compuesta por los padres y tres hijos, dos hembras de 29 y 22 años y un chico de 25. Para el verano, los padres han planteado que, excepcionalmente y aprovechando las vacaciones, realicen los cinco un largo viaje que les permita compartir una bonita experiencia. El lugar propuesto es Noruega, concretamente la parte superior de su geografía y, en particular, los cabos Knivskjellodden y Norte, considerados los dos puntos más septentrionales de Europa.

Como el trayecto es largo, casi 10.000 kilómetros entre ida y vuelta, y hay mucho que ver y disfrutar, los padres han planificado una duración para la “excursión” de 31 días, la totalidad del mes de agosto. Los hijos lo acogen con entusiasmo, aunque la mayor, por motivos de trabajo, sólo podrá dedicar al viaje 15 días; y el hijo, que está preparando oposiciones, un máximo de tres semanas. “No hay problema”, dicen los padres: “Lo programamos con la agencia para hacer la ida juntos y que, después, cada cual retorne a casa cuando le convenga”.

El viaje de ida discurre de maravilla y los días en Noruega pasan veloces. A las dos semanas, tal como estaba previsto antes del inicio, la hija mayor vuelve a Sevilla; y a los 20 días, es el hijo quien retorna al hogar.

Aquella tarde, la inmediata tras la partida del chico, la madre añoraba a ambos: “Siento mucho su ausencia. Tanto que creo que deberíamos haber regresado todos juntos”. “También yo los hecho mucho de menos”, respondió el padre, “pero estar aquí es una vivencia fantástica y merece la pena que le saquemos el máximo jugo, cada uno en función de sus necesidades y conveniencia. Tú, yo y, desde luego, nuestro hija (en referencia a la que permanecía con ellos), a la que esta vivencia le esta aportando mucho. Tenemos derecho a apurar la experiencia. Además, antes de que nos demos cuenta, volveremos a estar los cinco juntos en casa. El tiempo vuela. Y que son una o dos semanas sin ellos cuando tenemos toda la vida por delante”.

La hija reafirmó con la cabeza las palabras del padre y, como en esos días se hallaban alojados en un centro turístico del Cabo Norte, propuso que dieran un paseo hasta el cercano y espectacular acantilado, de 307 metros, que lo colmata.

Una vez allí, los tres recordaron a los dos ausentes. Y contemplando la sublime belleza de aquel peculiar cielo norteño, con el Océano Atlántico a un lado y el Ártico al otro, comprendieron bien que no sólo no habían perdido a los dos miembros de la familia ausentes, pues ambos los esperaban en el hogar, sino que tampoco había realmente alejamiento: el Corazón los unía con ellos más allá de la distancia.

Conexión desde el otro plano

La vida continúa más allá de la vida y, para los que continuamos aquí, la desaparición física del que transita no es una desaparición “real”: con ella no hay ¡ni pérdida ni alejamiento!. Esto es lo que nuestro interior nos trasmite cuando acontece el óbito de un ser querido. Y se trata de algo que puede ser comprobado, ya que es perfectamente factible sentir la presencia amorosa y constante del ser que encarnó en la persona querida fenecida y hasta comunicarse con ella. De hecho, sentirlo es lo más natural. Y nada tiene esto que ver con fantasmas, apariciones y cosas parecidas.

Desde el otro plano, los seres que fueron en su vida física nuestros seres queridos pueden y desean estar en conexión y comunicación con nosotros, con los que seguimos aquí, en la esfera física. Es un contacto “ser a ser”: entre el ser que continúa encarnado aquí y el ser que ya transitó. Para ello es suficiente con que despleguemos las antenas y capacidades de nuestro ser interior y no impidamos la conexión con nuestros miedos y con las numerosas dudas y autolimitaciones mentales que nos llevan a pensar y a convencernos de que tal contacto no es posible. Y es algo que podemos y debemos hacer nosotros mismos, sin buscar terceros –videntes, mediums,…- que lo intenten hacer por nosotros.

Muchos lectores de estas líneas seguro que pueden atestiguar la veracidad de lo anterior porque forma parte de su experiencia personal. Y saben bien que esa experiencia no es ni una emoción egóica ni una fantasía motivada por la necesidad mental de superar como sea la muerte de la persona querida.

Es una experiencia real, natural y hermosa, muy hermosa. Para vivenciarla es imprescindible anclar en el Corazón el convencimiento de que la muerte no existe. Además, se aconseja una sencilla práctica: no dejar el contacto “ser a ser” para cuando el otro haya fallecido, sino experienciarlo en el día a día. Así, cuando en nuestra cotidianeidad estemos físicamente con otras personas, especialmente con nuestros seres queridos, procuremos mantenernos conscientes de que, tras la corporeidad que nuestro sentidos físicos perciben, existe y vive un ser espiritual que es realmente el que comparte su existencia con nosotros en este ámbito material y lo seguirá haciendo en el otro plano mas sutil que se halla mas allá de la vida.

El Vuelo de la Mariposa

José Luís de la Rica estuvo entre las personas que asistieron a una de las charlas que impartí en Madrid durante el año 2012. Tras ella, localizó mi dirección de correo electrónico y me envío un email enormemente intenso y emotivo relacionado con el tránsito de sus hijos Elena y Roberto. Tras pedirle permiso, me autorizó a compartirlo. Lo hice en el blog (http://emiliocarrillobenito.blogspot.com.es/2012/03/la-muerte-es-un-imposible-un-fantasma.html). Y lo hago también aquí. Constataréis que está lleno de Amor y Sabiduría. Y pone de manifiesto de modo diáfano que, como se viene reiterando la muerte es un imposible, un fantasma, solo eso, de la imaginación humana:

“Querido, amigo, Emilio... Me llamo José Luís de la Rica y vivo en Madrid. He escuchado varias veces tus conferencias en Youtube y..., ¡estoy encanta’ooo! Jejeje... Por cierto, el viernes, cuando estuviste en Madrid, estuvimos contigo un grupo de amigos.

Verás, llevo días pensando en escribirte, pero va a ser hoy que ¿casualmente?, se cumplen doce años del día en el que nuestra hija Elena se trasladó al Cielo. Tenía doce años y la leucemia fue excusa para el tránsito.

Emilio, yo creía que te morías y que eso era todo; ¡que desaparecías diluido en la Nada! Imagínate qué dolor por el suceso y qué desconsuelo ante un sentido tan absurdo de la vida. Había pensado algunas veces que no temía mi muerte, pero poca gente se plantea la muerte de un hijo y yo era una de ellas. Mi mujer tenía esa fe de andar por casa y se enfadó con Jesús –como he comprobado que pasa prácticamente siempre en esos casos-. Bueno, al menos ella guardaba en su corazón esa esperanza de un reencuentro posterior, ¿pero yo?. Estaba tan obcecado por mi rechazo a la forma en la que me habían presentado a Dios que... Ahora sé que Dios Es Amor, amigo Emilio. ¡Qué diferencia!,

Pero la niña empezó manifestarse con diversas "señales" y tras un durísimo proceso de sufrimiento, mi vida experimentó un cambio tal que, ahora sí, he encontrado el sentido de mi vida: Emilio, desde hace casi diez años, ayudo a la gente para que se lleguen a dar cuenta que el vínculo afectivo con los que se nos han adelantado en el paso a la otra dimensión es una fuerza, una energía real, que nos mantiene unidos y de cuyos efectos podemos hacernos conscientes. Esto es posible gracias a la fuerza del Amor que todo lo une y fortalece. Es el efecto de la oración del que hablan los grandes místicos del mundo.

Y es más sencillo de lo que podríamos imaginar: Vale con que el Amor sea la profunda razón que te mueva, que pongas "confiado" tu dolor, anhelo y esperanza en "las manos" de La Luz, que relajes y te dejes guiar hasta el Cielo, por medio de una meditación de visualización. ¡Y ya está! Es como si hubieras ido a visitarles. Te entrevistas con toda tu familia, también con la de las personas que estén acompañando en la meditación, se conozcan entre sí o no... y muchas otras cosas que pueden suceder, todas hermosas, emocionantes y por supuesto consoladoras. A esta experiencia le llamo "El vuelo de la mariposa". Por supuesto, el nombre no está elegido al azar, jejeje...

Emilio, habían transcurrido ocho años desde que se fue la niña cuando, una mañana de junio, mi mujer encontró en la cama el cadáver de nuestro hijo de treinta y un años. Mientras dormía, había sufrido un edema de corazón y pulmón. Roberto, mentalmente, era un niño de unos quince años, feliz con su Barça y yendo al cine con sus amigüetes del centro ocupacional al que asistía.

¡Qué fuerte!, ¿no?. No, Emilio. A mediodía ya habíamos hablado con mi hija que nos dijo que estaba con él. En el tanatorio volvimos a interesarnos por él y nos dijo la niña que aún no podíamos hablar con Roberto porque él creía que estaba dormido soñando: aún no le habían dicho lo que le había pasado porque se podría asustar, nos dijo. Hazte una idea de cómo era mentalmente Roberto. Fíjate que cuando más o menos dos meses más tarde, por fin, pudimos hablar con él, resulta que conmigo se comportaba normalmente y sin embargo, lloraba cuando hablaba con su madre. Roberto estaba más enmadara’o que enmadra’o. Jejeje... ahora está totalmente integrado y entre otras cosas nos ayuda con El Vuelo de la Mariposa, como muchos otros chicos y mayores, por otra parte, jejeje... Como vemos, en el "Otro lado" las cosas se hacen con sumo tacto.

Me gustó el ejemplo que usaste en la charla del viernes; aquél que nos contaste del viaje a Noruega. ¡Chico!, me sonreía a medida que lo ibas contando porque yo sabía perfectamente a dónde querías llegar, jejeje... Me sonreía mientras decía para mis adentros: "Este es de los míos", jejeje... Sí, Emilio, eso es exactamente para mí, para mi mujer y el hijo que aún nos acompaña por aquí, lo que ha pasado con nuestros hijos. Ellos "han vuelto a Casa" y nosotros regresaremos cuando llegue nuestro momento. Entretanto, podemos "hablarnos y vernos" a través de Internet: la consciencia del Corazón. Mientras llega ese hermoso día, tratamos de desarrollar nuestro espíritu andando todo lo que podamos en el camino del Amor-Dios.

Emilio, como ves, te adjunto un documento "En la despedida del cuerpo de Roberto" para que le eches un vistazo (se transcribe en la parte final de la reseñada entrada del blog y bajo estas líneas). Al final pongo una dirección de Internet en la que, además de poder ver las fotos de lo que sucedió, puedes darte una vuelta por la página para que veas el alcance de lo que estoy viviendo.

Soy muy feliz, Emilio. Mi mujer básicamente está como yo, si bien, lógicamente, ella añora sus presencias físicas más que yo.

¡Jo!, chico... Si, además, resulta que es cierto que la humanidad está a punto de sentir que la muerte no existe, me parece que el efecto que va a causar en las vidas de las personas será tan enorme que significará el final de una era tanto social como espiritual. Y estoy encantado si Dios ha querido que esta pequeña oruga experimente encarnado en este planeta, algo tan fantástico como se avecina”.

EN LA DESPEDIDA DEL CUERPO DE ROBERTO 
Roberto (31 años) es el segundo hijo que se nos ha adelantado en el paso. Elena (12 años), su hermana pequeña, se nos adelantó ocho años antes. 
26 de junio del 2008.
Me llaman al móvil. Es Ana Mari. Dice que “¡Roberto está muerto!”.
-Pero ¿cómo se va a haber muerto Roberto?
-¡Sí, no respira y está morado!
Salgo a buscar un taxi y media hora más tarde estoy delante de su cadáver. Está frío. Roberto no está ahí, pero sí, es su cuerpo.
¿Cómo ha podido ser?. Roberto es un chico joven lleno de salud. Nunca ha trasnochado. Con treinta y un años, nunca ha ingerido alcohol ni ha consumido tabaco. Es un chico muy dependiente de nosotros, mentalmente es como si tuviera quince años. Muerte súbita producida por un edema pulmonar y cardíaco. Se ha ido dormido, no se ha enterado de nada y, como unas horas después supimos, aún él no sabe si está aquí –en La Tierra- soñando o es que en verdad se ha reunido con su hermana Elena en el Azul. ¡Vaya con Roberto, con el miedo que tenía él a morirse!.

Cree que está soñando con su hermana como tantas otras veces y Elena nos advierte que aún no está preparado para saber lo que le ha ocurrido de verdad. Está tranquilo y dentro de unos días podremos entrevistarnos con él.

Estoy muy acelerado. Mi mente y mi corazón saben que no está muerto: la muerte es la gran mentira de la vida. Lo sé, llevo más de siete años comunicándome con personas que dejaron este mundo. Pero psicológicamente tengo que organizar mi mente para asumir la nueva relación con nuestro hijo.

Ana Mari está destrozada. Ahora sí que nos hemos quedado libres para irnos cuando llegue nuestro momento. Nadie depende ya de nosotros para sobrevivir. Rubén, el chico mayor, está recién casado y su mujer está esperando un bebé para dentro de ocho meses. Martín –nuestro nieto y sobrino- nació justamente el mismo día que su tío Roberto cumple sus treinta y dos años terrenales.

Se llevan su cuerpo al Instituto Anatómico Forense. Ahí estará hasta mañana, después podremos disponer de él un día más hasta darle sepultura.

¿Cómo me siento?. No lo sé, acelerado, pero sin pena. Sé que él no ha perdido nada con el cambio. Que ahora está ante una nueva etapa de su desarrollo vital. Sé que ahora podrá hacer realidad sus mejores sueños y que cientos de personas le habrán recibido entre abrazos y risas. Y, lo que es mejor de todo, por fin habrá podido mirarse en los ojos de Jesús. No lo creo, lo sé. Y eso nos tiene que satisfacer lo suficiente como para volver a aceptar otra vez la marcha de un hijo. El camino es difícil, pero ellos –desde su Nueva Vida- enviarán efluvios de Amor a nuestro Corazón, para que lo consigamos. te 

Y queremos rendir un homenaje a Roberto y a todos nuestros Amigos del Azul. Desde aquí queremos participar de la Alegría que corre todo el Cielo. Compro globos y una bombona de helio. 

La mañana del entierro, un par de horas antes de dar sepultura a su cuerpo, hacemos una cadena e inflamos casi doscientos globos, hasta que se terminó el helio. Uno inflaba, otro hacía un nudo con el mismo globo, otros ataban un hilito al globo para poder agarrarlo y, entre todos, escribimos dedicatorias a nuestros seres del Azul. 
Quince minutos antes de salir hacia el cementerio, el techo de la sala está parcialmente cubierto de globos. De pronto, uno de ellos empieza a descender hasta situarse a un metro del suelo. Tiene un nombre –como todos los demás-. El nombre que lleva escrito es Elena. Es el globo dedicado para nuestra hija. 
El globo se empieza a mover de derecha a izquierda, deteniéndose unos momentos delante de cada una de las personas que están sentadas. Estamos todos atentos y sorprendidos. Va de uno a otro como empujado por la voluntad de alguien que no vemos. Cuando llega frente a Rubén (mi otro hijo) se detiene mucho tiempo y después sigue su camino hacia la puerta de salida. Le estamos grabando y haciendo fotos. El globo parece que está posando para ello. Cuando empieza a salir por la puerta, lo volvemos a situar en el mismo lugar en el que se descolgó y otra vez, vuelve a hacer el mismo recorrido, de la misma manera que antes. 
Ahora, cuando está de nuevo saliendo por la puerta, vienen a avisaros de que ya ha llegado la hora, que tenemos que llevar el cuerpo al cementerio. 

Cuando están introduciendo el cuerpo en la sepultura, soltamos los globos, que por efecto de la corriente del aire, se elevan en dirección al sol. 
En el silencio del momento, sólo se oyen las llamadas de Ana Mari, animando a su hijo para que SEA MUY FELIZ en su NUEVA VIDA… 
Pactos de Amor entre Almas 

Los Pactos de Amor entre Almas, en expresión acuñada a lo largo de la historia por diversas escuelas y tradiciones espirituales, se suscriben, desarrollan y despliegan en el contexto de la vida, la muerte, el tránsito y la nueva encarnación. Tienen su fundamento en el hecho de que las dimensiones espirituales que encarnamos en seres humanos acometemos el proceso de sucesivas reencarnaciones no de modo “individual”, sino en grupos fraternales que suscriben esos Pactos y encarnan de común acuerdo, asumiendo diferentes roles encarnados en lo que en la vida física son círculos de seres queridos. 

Como se apuntó al inicio del presente capítulo, antes de venir al mundo material cada dimensión espiritual elige el “yo y las circunstancias” pertinentes para su evolución consciencial y experimentar vivencias que posibiliten su crecimiento vibracional. Y esa elección incluye el Pacto de Amor con otras dimensiones espirituales que harán de acompañantes y colaboradoras en el desarrollo de tales experiencias. En este contexto, por ejemplo y como allí se señaló, los hijos eligen a sus padres, y no a la inversa. 
Así, aunque en nuestra realidad corpórea y en nuestra memoria mental no tengamos el recuerdo de ello, nuestra memoria y dimensión trascendente sí conocen perfectamente lo que es el Pacto de Amor entre Almas. Incluso numerosos seres humanos saben de manera intuitiva e inspirativa lo que el mismo representa y sus principales señas de identidad. 

Una de ellas incorpora una especie de red de seguridad para que, por intensas, doloras o desconcertantes que las vivencias resulten, sean soportables por los que las experimentan, por lo que es una gran verdad que ningún ser humano experimenta lo que no puede soportar. Otra es que el alma que vive la experiencia más gozosa desde la óptica espiritual es aquella, que en el reparto y distribución de experiencias dentro del Pacto, asume la que más sufrimiento conlleva desde la perspectiva del mundo material (verbigracia, una muerte temprana por accidente o enfermedad para, con ello, provocar en sus seres queridos experiencias conscienciales que, de otro modo, no podrían vivenciar). 
Cuando, tras sus respectivas vidas físicas, las dimensiones espirituales firmantes del Pacto se reencuentran en el “más allá”, juntas sopesan y valoran en armonía como las experiencias vividas se han correspondido con las que querían vivir y el papel desarrollado al respecto por cada una. Sin embargo, en el plano humano suele acontecer el Gran Olvido. 
El tránsito y las experiencias cercanas a la muerte 

La muerte no es el final de nada, sino un tránsito, un estado intermedio entre un ciclo vital que finaliza y otro que se inicia. Y la dimensión espiritual que abandona el cuerpo físico durante el mismo no es un fantasma: es nuestro auténtico ser. Y en la medida en la que el tránsito se produce, cualquier sensación física va desapareciendo, pues ya no hay una corporeidad que la genere: dejan de existir barreras materiales y todo fluye en la Luz que Somos y Es. Las percepciones conscienciales pasan, así, a desenvolverse en la esfera cuántica: se transforman en muy sutiles, se expansionan espectacularmente y son radicalmente distintas a las que teníamos cuando nuestra dimensión espiritual aún moraba en el cuerpo. 

En este marco, el tránsito sigue unas pautas y cuenta con un recorrido que la Humanidad ha procurado verter desde tiempos pretéritos en diversas tradiciones orales y en diferentes textos, como el Bardo Thodol o Gran Libro de la Liberación Natural mediante la comprensión en el Estado Intermedio (mal titulado a menudo como Libro Tibetano de los Muertos), que constituye una completa guía de instrucciones, redactada en torno al siglo VIII, para afrontar el tránsito, para el que estima una duración de 49 días. Específicamente, la obra divide el tránsito (Estado Intermedio o Bardo) en tres fases, de las que se ocupa en cada una de la triada de partes en las que se estructuran sus páginas: primera, el mismo momento del óbito o Estado Transitorio del Momento de la Muerte: segunda, lo que se experimenta después de fallecer o Estado Transitorio de la Realidad; y tercera, el Estado Transitorio del Renacimiento, esto es, todo lo relativo a lo que antecede al nuevo nacimiento físico o reencarnación, incluyendo el nuevo arranque de los instintos físicos. 

Contemporáneamente, han sido muchos los investigadores que se han ocupado del tránsito a través, principalmente, del estudio de las experiencias cercanas a la muerte (ECM) vivenciadas por numerosas personas. Como botón de muestra, se traen aquí tres de ellos: 
El estadounidense Raymond Moody, médico psiquiatra y uno de los pioneros en el tema con su libro, publicado en 1975, Vida después de la vida, (Editorial EDAF; Madrid, 2009), donde recoge relatos de personas que habían superado la muerte clínica y se constata la existencia y coincidencia entre ellas de experiencias extracorporales. Su estudio empírico sobre cientos de ECM demuestra que estas siguen un patrón común: abandono del cuerpo, que se ve desde arriba; desplazamiento por una especie de pasillo hasta llegar a una luz brillante, en la que se siente compasión y amor absolutos; presencia de amigos y familiares que han muerto; recuerdo panorámico en el que se contempla toda la vida pasada; y todo esto sucediendo al mismo tiempo y de forma instantánea. Y la mayoría de las personas que han vivido las experiencias cercanas a la muerte lo rememoran como algo grato y satisfactorio: según una encuesta Gallup de 1982 sobre las ECM, de entre los ocho millones de norteamericanos que declaraban haberlas tenido, solo para el 3% fue algo desagradable o experienciado como negativo. 

El prestigiosos doctor sevillano Enrique Vila, Jefe de Medicina Preventiva en el Hospital Universitario Virgen Macarena de la capital hispalense, que en compañía de su esposa, Ángeles Garfia, desarrolló durante 30 años, hasta su fallecimiento en 2007, un intenso trabajo de indagación científica sobre las experiencias cercanas a la muerte, entrevistando por toda la geografía española a cientos de personas que las habían tenido y comprobando las grandes similitudes de lo sentido y percibido por ellas. Su libro póstumo Yo ví la luz (Ediciones Absalon; Cádiz, 2010) recopila los resultados de una parte de tales entrevistas. 

Y el Dr. Pim van Lommel, reputado cardiólogo holandés, que trabajó durante más de 25 años en un hospital docente con ochocientas camas. Al hablar con cientos de sus pacientes que habían sufrido un paro cardíaco, quedó atónito al descubrir que, lejos de haber perdido la conciencia durante el período en que habían estado clínicamente muertos, recordaban haber vivido una experiencia extraordinaria, algo que a Van Lommel, como científico, le era difícil de aceptar. Ante ello, decidió estudiar el fenómeno sistemáticamente durante dos décadas en su clínica con un equipo especializado. 

Y, en 2001, publicó una síntesis de su investigación en la acreditada revista médica The Lancet, causando un revuelo internacional. Así se gestó su libro Conciencia más allá de la vida libro (Editorial Atalanta; Girona, 2012), que ofrece abundantes pruebas científicas de que las experiencias cercanas a la muerte son un fenómeno que no puede atribuirse a la imaginación, la psicosis o la falta de oxígeno. Pim van Lommel introduce estas experiencias en un amplio contexto cultural que va desde las diferentes visiones religiosas hasta los nuevos presupuestos de la física cuántica, en donde estos fenómenos tienen un lugar coherente dentro de sus modelos teóricos. Los resultados de su investigación llevaron a un medio de comunicación tan solvente como The Washington Post a señalar que “las pruebas sostienen la validez de las experiencias cercanas a la muerte y sugieren que los científicos deben reconsiderar las teorías existentes sobre uno de los más profundos misterios biológicos: la naturaleza de la consciencia humana”. 

Lo recogido en estos textos coincide y encaja con mi propia experiencia cercana a la muerte en la UCI de una clínica sevillana, en la tarde del lunes 29 de noviembre de 2010. 

Me llevó a ella una cadena de “causalidades” que reconozco sin tapujos, por el auténtico renacimiento que provocó en mi vida, como una “Bendición” y todo un regalo de la Providencia: una caída bajando un monte, en la madrugada del domingo 7 de noviembre, que origina una fractura de peroné; la fractura genera, el viernes 26 de noviembre, una trombosis y ésta un infarto pulmonar; un erróneo diagnóstico inicial del infarto como simple neumonía; y el ingreso en la UCI en situación límite -con otros múltiples trombos en la vena femoral y cuantiosa pérdida de sangre expulsada por la boca- el indicado lunes 29. 
La ECM que entonces experimenté y sentí de manera clara y diáfana duró casi dos horas de nuestro tiempo, aunque se desarrolló en el contexto cuántico en el que, como se resaltó párrafos atrás, el tránsito se produce. Siendo por ello complicado enunciarlo en palabras, lo entonces vivenciado puede ser sintetizado así de forma general: 

1º ...El ser que somos, esto es, la dimensión espiritual encarnada en el cuerpo físico (en los epígrafes de Física de la Deidad se examina en que consiste y se diferencia entre alma y espíritu), lo abandona (“sale” del cuerpo, expresado coloquialmente) antes de que el fallecimiento de éste y la conclusión de sus funciones fisiológicas hayan llegado a producirse. No vivimos ni la expiración final ni el estertor previo. Antes de que acontezcan, dejamos lo que fue nuestra corporeidad en el ciclo vital y la vida física que está concluyendo. 

Esto explica, precisamente, las experiencias cercanas a la muerte: son procesos de tránsito que se viven en su fase inicial, pero no llegan a completarse debido a que, por las razones que sea (se abordan en el apartado 10º), la dimensión espiritual retorna al cuerpo físico que aún no había fallecido. Si el tránsito empezara una vez que la muerte física hubiese acaecido, tal regreso a la corporeidad no sería factible. 


2º ...En mi experiencia, mi cuerpo se hallaba tendido en la cama boca arriba. Lo más frecuente es esto, que el cuerpo del moribundo se encuentre en esta posición de decúbito supino (tumbado sobre la espalda), aunque también en decúbito lateral (echado de costado), decúbito prono (yaciendo sobre el pecho y el vientre) o recostado sobre algún tipo de asiento (un sillón, el interior de un vehículo,…). En cualquier caso, en el instante en el que empezamos a “salir” del que fue nuestro cuerpo, sentimos como nos elevamos sobre él, quedando el cuerpo abajo y nosotros arriba. 

Es el inicio del tránsito y nuestro ser, “sentado” o “flotando” sobre el que fuera nuestro cuerpo, adopta el papel no de sujeto activo de lo que está sucediendo, sino de observador de la situación y de todo lo que en ella ocurre (familiares que están junto al moribundo, personal sanitario que lo atiende, otra gente que se halle alrededor, conversaciones, llantos,…). 


3º ...De inmediato se produce un hecho espectacularmente maravilloso: “vemos” en toda su integridad y con todo lujo de detalles la vida física que estamos abandonando, es decir, cada uno de los hechos y circunstancias vividos y acontecidos durante ella, todos sin excepción y ordenada y pormenorizadamente, no de manera deslavazada, parcial o resumida. Y esto se “visualiza” no a través de la mente, ni como una película o sucesión paulatina de fotogramas o escenas que se proyectaran ante nosotros: la vida que hemos experienciado, por prolongada o intensa que haya sido, se contempla íntegramente y de modo instantáneo, todo a la vez y en un momento, como si nos tragáramos una pastilla o un chip que nos permitiera ver de golpe, ipso facto, en una especie de colosal flash, todo lo vivenciado a lo largo de la misma. 

Se percibe así, de manera directa y sin necesidad de elucubraciones intelectuales, que el tiempo no existe y que la Creación –y nosotros en ella- fluye y se despliega en la instantaneidad, sin pasado ni futuro, todo en un Aquí y Ahora que es la Eternidad en sí: el momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve.
4º... La visión integra e instantánea de la vida que ha terminado proporciona otra sensacional sorpresa: verificar, sin lugar a dudas ni incertidumbres, que todo hecho en el mundo exterior (en nuestra vida, en la de los demás, en el planeta, en el Cosmos,…) tiene su causa y origen en el interior (en el caso de la vida de cada uno, en el interior de cada cual). 

Y, ligado a ello, comprobar como, en la vida que dejamos, absolutamente todo (cada evento, situación o experiencia, por insignificante o importante que para nosotros haya sido) enlaza con el propósito -el “propósito de vida”- para el que nos encarnamos en la persona que fuimos y, en ese contexto, ha tenido su por qué y su para qué: por tanto, todo encaja de manera armónica y no hay ninguna pieza suelta o fuera de lugar en el puzzle (en ese rompecabezas que la vida nos parece tanta veces mientras estamos inmersos en ella). 

Esto permite percatarse de la ficción mental que representa calificar, clasificar y enjuiciar los hechos que vivimos bajo el prisma de la dualidad: buenos o malos, placenteros o dolorosos, gratos o ingratos, blancos o negros,… . Lo cierto es que en la vida no sobra nada, tampoco esas circunstancias que mentalmente quisiéramos borrar del mapa y de nuestra memoria y nunca haber vivido. En ese sublime momento del tránsito se “ve” con meridiana claridad que todo es Perfecto y tiene su sitio en el bagaje de Consciencia y Experiencia que es lo único, ni más ni menos, que nos llevamos con nosotros a la “otra vida”. 


5ª ---Y las bellas sorpresas no terminan aquí, pues a todo lo anterior se suma de inmediato la constatación de que el tránsito no lo acometemos solos, sino estupendamente acompañados. ¿Por quien?. Al principio son luces blancas y brillantes que nos rodean, aunque pronto toman un aspecto reconocible: el de seres queridos fallecidos antes que nosotros (pueden ser nuestros abuelos, padres, hermanos, hijos, pareja, amigos íntimos,…) y el de aquellas “entidades” (santos y santas, ángeles y arcángeles, guías y “maestros” espirituales…, cada cual en función de sus “creencias” ) por las que durante la vida habíamos sentido algún tipo de vinculación espiritual (devoción, sentimiento de compañía, percepción de apoyo en tesituras difíciles de la vida, comunicación de mensajes y canalizaciones,…). 

Todos estos “acompañantes” en el tránsito se muestran amorosos y extremadamente alegres. Entre ellos, los seres queridos ya fallecidos son los que toman la iniciativa de la comunicación con nosotros. Obviamente, no hablan, pues carecen de corporeidad, pero se recibe nítidamente lo que nos transmiten: mucha felicidad por el reencuentro y una gran paz, sosiego y confianza para continuar avanzando en el tránsito. 


6ª.... Al menos en mi caso, que durante la vida física había tenido oportunidad de sentir nuestra naturaleza multidimensional y contactar con mi Yo Superior en otras Dimensiones, a los familiares fallecidos y a las mencionadas “entidades” se agregaron formas de luz que fueron tomando el aspecto de “mí mismo” en otros planos de consciencia: “mí Yo” de Cuarta Dimensión, de Quinta, de Sexta,… (a veces se trata de los guías y maestros antes citados, que en ocasiones no son sino nuestro Yo Superior experienciando en otros planos más sutiles de existencia y que, desde ellos, mantienen la conexión con su proyección en Tercera Dimensión, es decir, con lo que nosotros hemos sido durante la encarnación que acaba de concluir). 

7º ...Cuando nos encontramos tan excelente y portentosamente acompañados, en nuestro entorno se abre un soberbio túnel de luz resplandeciente. Yo lo ví emerger delante mía y en posición horizontal, sin pendiente alguna, aunque otras personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte lo recuerdan inclinado verticalmente y orientado hacia arriba o hacia abajo. En cuanto al color de la luz, la visualicé refulgente y casi deslumbrante, pero incolora, si bien hay quien la ha visto blanca, amarilla, azul o verde esmeralda. En cualquier caso, su brillo es tan cálido como acogedor y nos invita introducirnos en el túnel sintiendo y sabiendo que es la puerta hacia el “más allá”, hacia la otra vida. 

8º... Pude ver, igualmente, que la forma de túnel que esa luminosidad tan radiante adopta no es fruto de la casualidad, sino que se debe a que la luz llega hasta nosotros desde el otro plano abriéndose paso a través de una capa nublosa, sombría y viscosa. Supe de inmediato, sin necesidad de preguntar, que su origen radica en las proyecciones energéticas y conscienciales de las experiencias de desamor y desarmonía que entre todos desarrollamos en Tercera Dimensión y que rodean este plano como si fuera una nube de contaminación o una franja de “chapapote”. 


También pude sentir que hay dimensiones espirituales que en el tránsito, debido al desconcierto generado por la inconsciencia acerca de lo que están experimentando (a menudo, porque nunca en su vida se han planteado que fueran a morir algún día ni nada con sentido de trascendencia) y a su querencia consciencial hacia el mundo material que están abandonando, tienden a no pasar el túnel de luz y optan, en libre albedrío, por permanecer dentro de esa capa oscura, empeñándose en reproducir, aunque ya carecen de corporeidad, los hábitos y conductas de cuando estaban físicamente vivos. Muchos casos de “presencias”, espectros y asimilados que estudia la parapsicología obedecen a este hecho. En algunos casos, se trata de un estado transitorio y, pasado un “tiempo”, las dimensiones espirituales entran por el túnel de luz (la labor de convencimiento de las dimensiones espirituales de los seres queridos fallecidos suele ser crucial al respecto). En otros, en cambio, permanecen en esta capa indefinidamente, hasta el momento de su nueva encarnación en el plano humano, al que vuelven sin completar el tránsito: sin haber gozado de la Luz del más allá y de la perspectiva de las cosas y de la vida que en ella se recuerda y disfruta. 

Esto suele provocar que, en la nueva vida, su personalidad, actos y experiencias se hallen aún más ajenos a cualquier percepción de trascendencia y firmemente apegados a lo egóico y material, en sus diferentes manifestaciones, confundiendo la felicidad con la mera cobertura de sus deseos físicos y anhelos emocionales. Es a ellos a los que Jesús de Nazaret se refiere cuando lanza aquella frase tan aparentemente críptica: “deja que los muertos entierren a sus muertos” (Lucas, 9,60). Esos “muertos que entierran a sus muertos” no son los de los cementerios, que estando muertos físicamente han realizado el transito a la otra vida, sino las dimensiones espirituales que, sin haber pasado al otro plano ni haber gozado de él, vuelven a encarnar en cuerpos humanos, desplegando, como se acaba de reseñar, una vida física carente de Vida y volcada en el egocentrismo y el materialismo.
CONEXIÓN CON SERES EN “OSCURIDAD” 
Páginas atrás se hizo mención a la conexión con los seres que fueron en su vida física nuestros seres queridos, resaltando que se trata de un contacto “ser a ser” (entre el ser que continúa encarnado aquí y el ser que ya transitó) y que es suficiente con que despleguemos las antenas y capacidades de nuestro ser interior y no impidamos la conexión con nuestros miedos y con las numerosas dudas y autolimitaciones mentales que nos llevan a pensar y a convencernos de que tal contacto no es posible. 

Pues bien, con la misma base se puede contactar con dimensiones espirituales que, al abandonar durante el tránsito su corporeidad física, se mantienen en la nube de contaminación o una franja de “chapapote” a la que se acaba de aludir, así como con otros tipos de entidades que se hallen sumidas en lo que común y dualísticamente se tilda de “oscuridad” (desamor, desarmonía, desconcierto, apegos materiales,…). 
Es muy importante para ello que la conexión “ser a ser” se efectúe desde la neutralidad más absoluta: sin efectuar enjuiciamientos ni valoraciones desde nuestras emociones egóicas y permitiendo que nuestro ser interior actúe desde su esencia y transmita luz y Amor. 

Lograda la comunicación, se puede hacer “ver” a esa dimensión espiritual o entidad que tiene a su disposición, abierta de par en par, la puerta hacia el plano de luz, así como lo adecuado para su desarrollo consciencial y evolutivo de pasar a ella (utilizando el túnel de luz, en el caso de los que se hallan en el tránsito), aunque, por supuesto, la decisión final de hacerlo o no será siempre, en libre albedrío, de ella. Y esta decisión debe ser aceptada y profundamente respetada por nuestro Corazón desde el Amor. 
9º ...Ya al final del túnel, tras haberlo recorrido, o inmediatamente antes de entrar en él (éste fue mi caso), se vive algo imposible de plasmar en palabras y que solo puedo compartir como experiencia excelsa y gloriosa de Amor Puro: el contacto vivo y directo con la energía o esencia crística o búdica. Su presencia fue presentida tanto por mí como por todos los seres de luz que me acompañaban en el tránsito, transformándonos en más refulgentes y radiantes poco antes de su “llegada”. 

Cuando inunda cuanto nos rodea, la inercia derivada de la corporeidad física que acabamos de dejar hace que busquemos en nuestro interior consciencial una imagen que, de algún modo, refleje esa hermosa y tremenda fuerza de Amor que estamos sintiendo de manera eminente y grandiosa. Y en este punto, cada cual la percibe en función de la tradición espiritual o religiosa que haya hecho suya durante la vida que acaba de concluir.

En mi experiencia, la visualice en la forma de Cristo Jesús: un Jesús de Nazaret de cuerpo luminoso, blanco centelleante; melena castaña y corta, con los pelos ligeramente caídos sobre los hombros; y rostro maduro, aunque juvenil, tan lleno de Amor como de autoridad (no basada en ningún tipo de dominio, control o poder, sino en la potencia natural de su evidente e inconmensurable divinidad). Me tendió sus manos de luz y las entrelazó con las mías, generando en mi ser una experiencia de gozo inenarrable.
10º... La mayoría de las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y han vivenciado lo sintetizado en los puntos precedentes, no quieren volver al cuerpo físico y a la vida que habían dejado. ¿Por qué, entonces, algunos sí regresamos?. 

Los motivos pueden ser muy diversos, desde los que retornan sin saber exactamente la razón a los que, al contemplar íntegramente su vida, consideran que tienen experiencias pendientes relacionadas con el “propósito de vida” con el que encarnaron en esa existencia física y que aún pueden acometer (entre esas experiencias pendientes es frecuente que se encuentre la atención y el cuidado de hijos pequeños, pues, como se ahonda en Física de la Deidad, son los hijos, al encarnar, los que eligen a sus padres, no al revés, por lo que éstos tienen un determinado compromiso álmico con aquellos).

Eso sí, en ese instante del tránsito, muchos sentimos la realidad inefable de que cada uno muere (transita) cuando íntimamente, desde su ser interior, toma esa decisión: morimos cuando queremos, ni antes ni después; no hay casualidades ni accidentes, por más que el fallecimiento puedan acontecer de forma aparentemente fortuita o inesperada. Y esta decisión se halla ligada al reiterado “propósito de vida” y se adopta una vez que ha sido cubierto o, llegado el caso, cuando se asume que ya, dado lo mucho que se ha apartado de él, resulta imposible su cumplimiento.

¿Por qué volví yo a mi cuerpo físico?. Fue consecuencia del encuentro antes narrado con Cristo Jesús y de la comunicación que ahí se estableció, durante la que me confirmó que estaba cumplido mi “propósito de encarnación” (es decir, no sólo el “propósito de vida” en la que acababa de dejar, sino el propósito de toda mi encarnación, a lo largo de una prolongada cadena de vidas, en el plano humano), a la par que me trasladaba su deseo de que, no obstante lo anterior y salvo que ello me desarmonizara interiormente, volviera a la vida física recién dejada para hacer “algo” que sólo sabría una vez trascurrido cierto tiempo tras retornar a ella. 


11. Y una vez incorporados de nuevo al cuerpo y a la vida que habían abandonado, no todos aquellos, entre los que en el tránsito sintieron un motivo preciso para volver, lo recuerdan. En ocasiones, esa remembranza, o el conocimiento de la razón que en el tránsito no supieron, se produce años después de haber retornado a la vida física. 

En mi caso, el “algo” anunciado por Cristo Jesús durante el tránsito lo conocí al año exacto de haber retornado a mi actual vida física, esto es, en diciembre de 2011. ¿De qué se trata?. No comparto lo que aquí relato para contar mi vida, sino para exponer vivencias que coinciden y reafirman las experiencias cercanas a la muerte de numerosas personas. Por ello, baste con indicar que tiene ver con el nuevo ciclo que se abre a partir del famoso solsticio de invierno de 2012 y con el momento de Evolución y Dicha que la Humanidad, la Madre Tierra, el sistema solar y la Vía Láctea disfrutan en el Aquí y Ahora. Un contexto en el que debo hacer dos cosas: poner mi modesto grano de arena al objeto de trasmitir seguridad a la gente, eliminando miedos y autolimitaciones mentales, ante las maravillosas y desconcertantes vivencias que en nuestro interior –y, como consecuencia de ello, también el mundo exterior- vamos a percibir, sentir y vivir; y, por otro, darme la Gozada de experienciar de manera directa un momento tan singular y magnífico y tan esperado a lo largo de muchas reencarnaciones en el plano humano. En ello estoy y para ello soy hasta la fecha del citado solsticio. Después, hecho lo que correspondía, fluiré en manos de la Providencia. 


12º. De lo sintetizado en los apartados anteriores queda abierta la cuestión relativa a qué hay más allá del túnel de luz, pues en las experiencias cercanas a la muerte no llega a recorrerse o, nada más hacerlo, la experiencia concluye y acontece el retorno a la corporeidad. A pesar de esto, mi vivencia coincide con la de otras personas que han tenido ECM en cuanto a que lo que hay tras el túnel se percibe casi desde el comienzo del tránsito, cuando se empieza a “salir” del cuerpo físico, y, muy especialmente, en el instante en que se contempla por primera vez el reiterado túnel de luz. ¿Qué es lo que percibe de ese más allá?. Pues, sencillamente, que se trata de un plano de existencia “Real” –en contraposición, se siente que el que se está dejando, la vida física y material, es una especie de sueño, mera ilusión o ficción- y que se halla presidido por: 

La Unicidad, sin lugar para ningún tipo de identidad, sea física o espiritual, ni de separación o fragmentación;

La Instantaneidad, sin tiempo, ni pasado ni futuro, sólo un momento presente eterno en el que todo sucede a la vez, similar a lo que se expuso en el apartado 3º a propósito del flash en el que visualizan íntegramente los hechos y circunstancias acaecidos durante la vida que se está abandonando-; y

Una colosal Quietud plena de Paz, Silencio (en cuanto a ausencia de “diálogo”, de preguntas o respuestas) y Amor.

Y es importante señalar que la percepción de un plano de existencia tan radicalmente distinto al que hemos experimentado durante la vida física no genera ninguna clase de extrañeza o desconcierto. Al contrario, se siente como el retorno al Hogar, a nuestro hábitat natural, por más que la noción de “nuestro”, ligado a una identidad, ya no tenga sitio ni sentido.
Ayuda al Tránsito 
¿Se puede ayudar a efectuar el tránsito a la dimensión espiritual que, tras haber desencarnado de un cuerpo humano, la acomete?. Se puede y se debe, por más que en la sociedad moderna no haya consciencia sobre la importancia de este apoyo y se huya, precisamente por el miedo a la muerte, de afrontar este momento, con lo que se pierde la oportunidad de compartir el hecho más trascendente de la vida de un ser querido. Y no sólo hay que ofrecer esta ayuda a familiares y personas cercanas, sino también a todos aquellos que lo soliciten. 

Así, el ya citado Bardo Thodol o Gran Libro de la Liberación Natural mediante la comprensión en el Estado Intermedio es la guía que usan para ello en ámbitos budistas, donde los monjes, normalmente en parejas, lo recitan en tonos muy graves y a modo de cántico con el que no sólo apoyan al moribundo antes del fallecimiento, sino durante los 49 siguientes al óbito, pues, como ya se reseñó, este es el tiempo que el Bardo Thodol estima para la realización del tránsito. 

En la esfera católica se practica el sacramento de la Unción de los Enfermos, conocido como “Extrema Unición” hasta el Concilio Vaticano II y llamado, igualmente, “sagra viático”, porque es el recurso que lleva el enfermo para poder sobrellevar con fortaleza y en estado de gracia el momento del tránsito a la “Casa del Padre” a través de la muerte. Lo esencial del sacramento consiste en ungir la frente y las manos del enfermo y el rezo de una oración litúrgica por parte de un sacerdote u obispo, únicos ministros que pueden administrarlo. No obstante, en el ámbito cristiano también hay constancia de prácticas dirigidas a apoyar el transito, como se hace en tradiciones espirituales orientales, más allá del óbito. De hecho, aunque poco a poco se ha diluido su significado profundo, a esto de dirigen las misas “in memoriam” y otros ritos celebrados algún tiempo después del fallecimiento y, en ocasiones, de modo reiterado durante las semanas e, incluso, meses que siguen a la defunción. 

Y sin estar asociado a ninguna religión en concreto, proliferan cada vez más personas y grupos que efectúan labores de ayuda al tránsito, utilizando para ello “protocolos” y técnicas muy diversas, si bien todos tiene su base en la consciencia de que con la muerte no concluye nada y de que, tras ella, el ser que somos realiza un transito con los perfiles que en las páginas precedentes se han resumido. 
Con el objetivo de ilustrar lo anterior con alguna práctica concreta, se recoge en el cuadro siguiente algunos de los consejos que el Sogyal Rimpoché efectúa en su Libro tibetano de la vida y de la muerte (Ediciones Urano; Barcelona, 2006) para el acompañamiento a los moribundos, tal como han sido resumidos por Mar López en su artículo El budismo y el proceso de morir (Revista Digital Conciencia sin Fronteras: http://concienciasinfronteras.com/). Se centran sólo en el momento previo a la muerte misma y, por tanto, al inicio del tránsito, pero seguro que serán muy útiles para los que acerquen a estas páginas.
 
CONSEJOS PARA EL ACOMPAÑAMIENTO A MORIBUNDOS 
Manifestarle un amor incondicional, libre de toda expectativa. Para ello será necesario que aprenda a ponerse en su lugar y reflexione qué es lo que usted necesitaría en esa situación. 

Tocarle mucho, mirarle a los ojos, trátele como a un ser vivo, no como a una enfermedad. 
Darse cuenta que esta persona lo está perdiendo absolutamente todo. Compórtese como quien trata realmente de comprender. 

Ayudarle a aceptar las emociones reprimidas que surjan, como la rabia, la frustración, la tristeza, la culpa, la insensibilidad; son naturales. 
No quiera ser demasiado sabio, solamente es necesario estar tan plenamente presente como pueda. 
Sea sincero y dígale siempre la verdad, sobre él y sobre usted, de la manera más afectuosa posible. 
Sea consciente de sus propios temores acerca de la muerte pues le ayudará en gran medida a ser consciente de los temores del moribundo. 

Los maestros budistas hablan de la necesidad de morir conscientemente, con un dominio mental tan lúcido, nítido y sereno como sea posible. Para ello el primer requisito es controlar el dolor sin enturbiar la conciencia del moribundo, y hoy en día eso puede hacerse mediante combinaciones de medicamentos y no sólo narcóticos. Todo el mundo debería tener derecho a esa sencilla ayuda en ese agotador momento de tránsito. 
Ayudar al moribundo a resolver los asuntos pendientes; ésta es una de las mayores causas de angustia. Morir en paz pasa por dejar resueltos los asuntos pendientes para que pueda relajarse el aferramiento: 
Ayudar con discreción y sabiduría a la persona moribunda a hacer las paces con los familiares y amigos de quienes estén distanciados y a limpiar su corazón de modo que no le quede ni rastro de odio ni agravio. Manifestar amor mutuo es algo que libera profundamente todos los sentimientos de culpa, ira, frustración y aferramiento. También es importantísimo que los seres queridos den permiso a la persona para morirse, para marcharse en paz. 

Ayudar a dejar resueltos con el máximo detalle los asuntos económicos y materiales, de este modo el aferramiento puede liberarse con más facilidad. 
Es esencial que la atmósfera que nos rodea en el momento de la muerte sea lo más pacífica y serena posible. Los maestros aconsejan que los amigos y parientes afligidos no estén presentes junto al lecho del moribundo para evitar que provoquen emociones perturbadoras en el momento de la muerte. 
Asimismo y para preservar esta atmósfera, es esencial que el personal sanitario no moleste a la persona que está muriendo con prácticas sanitarias que ya hayan perdido todo su sentido de curación y/o que infrinjan sufrimientos gratuitos e innecesarios a la persona. 
Los amigos y familiares deben hacer todo lo posible para inspirar emociones y sentimientos sagrados, como amor, compasión y devoción, y hacer todo lo que podamos para ayudar a liberarse de todo aferramiento, anhelo y apego. 

Si la persona moribunda se muestra mínimamente abierta a la idea de la práctica espiritual, ayúdele a encontrar una práctica sencilla y adecuada, hágala con ella lo más a menudo posible y no deje de recordársela con delicadeza a medida que se acerca la muerte. Toda la atmósfera que envuelve la muerte puede transformarse si la persona encuentra una práctica que pueda hacer de todo corazón antes de morir y cuando muere. 
+Si quien está muriendo es un practicante espiritual habitual, cualquiera que sea la tradición espiritual que practicara, es muy importante facilitarle la asistencia junto a su lecho de muerte de sus amigos espirituales, y especialmente de su maestro si lo tiene. 

El Duelo
Mientras el fallecido transita, sus familiares y amigos continúan en este plano y viven el denominado duelo. Éste se convierte en especialmente doloroso cuando el difunto es un ser muy querido, especialmente cuando se trata de un hijo o hija. 
Ciertamente y por los motivos que se desprenden de los epígrafes anteriores, hay que mirar hacia delante y seguir viviendo. Pero hay mucha gente que no lo ve así, que no sabe cómo afrontarlo y por eso, de una punta a otra del planeta, han surgido colectivos, asociaciones y foros que tratan de echar una mano en un momento en el que tanta falta hace. 

En su mayoría están compuesto por personas que han vivido el mismo trance y ponen a disposición de los demás su propia experiencia de duelo con base en dos grandes premisas: en una situación tan radical, sólo el que ha pasado por la misma situación lo puede comprender; y es fundamental no encontrarse solo y contar con el apoyo de cuanta más gente mejor. 
Dado que colaboro con ellos y tengo constancia de su positivo funcionamiento, sirvan como botón de muestra estos dos colectivos: 

Renacerás a la Vida: Un espacio para todos los que tienen seres queridos que han partido y que opera entorno a la web: http://renacerasalavida.ning.com/
Es un “sitio” de encuentro y para compartir, de carácter gratuito, no pertenece a ninguna religión en especial, congregación, partido político u organización institucional alguna, y fue creado por familiares y amigos de seres queridos que han transitado. 
La idea es mantenerla y darle vida entre todos. 

Alma y Vida: Es una asociación compuesta por un colectivo de padres que han vivido la experiencia de la pérdida de un hijo/a. Para ellos, las frases “muerte de un hijo, proceso de duelo, ayuda tras la pérdida de un hijo, apoyo en el duelo” y tantas otras que pudieran formarse para describir tal situación, adquieren un significado muy especial. Desde la Asociación se intenta compartir esa experiencia con otros padres, aportándoles apoyo mediante terapias de grupo y otras actividades dirigidas por profesionales, ofreciendo un lugar de encuentro donde poder desarrollar la parte más dolorosa del proceso de duelo. Su página web es: http://www.almayvida.es/




Visión particular de Paloma Cabades sobre la Muerte física y el tránsito a otros planos de Conciencia.








Un Gran Abrazo, siempre


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10 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay tanto que desconocemos y que deberíamos profundizar! Me alivia leerte me abres a que tenga otras perspectivas y a que salga de las creencias limitadas que tengo. Me has ayudado mucho en privado tengo decirte GRACIAS!!!
Manuel

MONTSE Y JAVI dijo...

Gracias a ti Manuel por confiarme tu sentir y todo aquello que es importante para ti...Yo no hago mas que darte un poco de Luz, el gran trabajo lo estás haciendo Tu desde tu mundo interno..
Un Abrazo!!♥♥

lauar dijo...

gracias, yo perdi a mi mama hace muy poco, y la verdad que es un sentimiento tan raro el que se siente, es un mezcla de todos juntos. este articulo me ayuda a comprender un poco sobre la muerte, y la verdad alivia el dolor!!1 un poco, gracias, su pagina es fantastica. namaste.

MONTSE Y JAVI dijo...

Hola Lauar... Gracias por dejar tu sentir en Serena Tu Mente y por enriquecernos con tu presencia. Entender la "trascendencia" desde el Corazón,nos lleva a la Paz y a la Serenidad interior, nos abre a una dimensión superior del Ser...Creamos una visión más optimista de la vida después de la muerte y cambia la forma de vivir ésta vida...valorando mas las pequeñas cosas y liberando lo que nada nos aporta aprovechando mejor cada momento junto a las personas que queremos... Te deseo muy felices encuentros con la vida.Te enviamos un abrazo de paz y alegría.

Anónimo dijo...

RESPECTO A LA TRASCENDENCIA, Q SUCEDE CON EL Q TIENE ALZHEIMER O LA DESTRUCCION DE LA CONCIENCIA Y EL CEREBRO. DONDE SE REALIZAN LOS PROCESOS POST-MORTEM?.

ME INTERESA LA RESPUESTA YA Q PERDI UN SER MUY QUERIDO Y TENGO MUCHAS DUDAS RESPECTO A LA MUERTE.

Anónimo dijo...

Nunca había pensado así sobre la "muerte". Ojalá no sea nuestro fin pues yo no quiero desaparecer NUNCA. qué triste sería todo, ¿no?
Es difícil entender cómo seguirás sin el medio más importante en la vida de cualquier ser: el cuerpo.
Muchas gracias por vuestra visión.

Anónimo dijo...

Me gustaría decir a lo ya expuesto que la muerte no existe tal y como la entendemos en esta vida.
En realidad pasamos de una vida a otra; cuando dejamos de existir aquí, nacemos, o mejor dicho, volvemos a nacer en nuestra verdadera casa, aquella de la que realmente procedemos; y cuando dejamos de existir en ella, retornamos a la terrenal.
Vamos y venimos en un continuo ciclo que forma parte del plan divino; venimos aquí a experimentar, y con ello,aprender.
De ahí que nada, absolutamente nada, se pierda para el alma, aunque en el tramo final de nuestra vida experimentemos una enfermedad como el Alzheimer, ya que lo que queda afectado es en realidad el cerebro, pero no nuestra mente, y menos aún nuestra alma.
Una vez que nos vamos de aquí, ya en las primeras etapas post-morten recuperamos todas nuestras experiencias de vidas anteriores, la conciencia de quiénes somos y cual es nuestro destino cuando dejemos de venir y continuemos nuestro desarrollo en planos más elevados y enriquecedores; cada paso que demos en esa dirección, bien aquí, bien allí, nos acerca más a Él, de cuya materia está hecha nuestra alma.
El cuerpo sólo es un soporte físico que el alma necesita en un mundo muy denso, el más inferior de todos por los que hemos de pasar, pero necesario para aprender y ascender.
El cuerpo muere, desaparece... pero el alma, lo que realmente somos... no.

Anónimo dijo...

Me gustaria creer que de un modo u otro, tras la muerte de una persona, aun hay otra vida. De verdad me gustaria creer pero dudo, dudo ya que se que realmente nadie sabe y que todos nos aferramos a las filosofias que nos hacen la vida mas llevadera. Tanto asi que nos lo creemos, realmente lo creemos. Y no digo que ustedes esten equivocados, digo que, yo, personalmente, no tengo evidencia alguna de lo que aqui se afirma. Pero ojala pudiera creerlo ya que en estos momentos necesito creer que alguien a quien quiero, pasara a un espacio donde tenga la paz que no tuvo en vida. Ojala pudiera creer que cuando se vaya podra seguir escuchando como le digo que le quiero. En fin, esta claro que estoy pasando por un mal momento. Espero no ofender, y aunque no lo parezca, creo en el alma, el alma que tenemos mientras estamos en vida y que se apaga cuando fallecemos. Se apaga el alma como si se apagaran las luces. Un eterno suenyo en el que la realidad de lo que fue y los que existieron unto a nosotros, desaparece. Por eso tan importante hacerlo todo mientras estamos con vida.

Gracias por leer

Anónimo dijo...

Hoy día las personas que tienen experiencias cercanas a la muerte o contactos con seres queridos que están en otra dimensión espiritual, ya no callan, ya no tienen miedo de compartir y exponen lo acontecido, exponen "su experiencia" personal que muchos pueden creer o no...pero su experiencia "Es" y nadie la puede revocar... Yo no veo que se haga para convencer a nadie ya que lo que no ha sido experimentado por uno mismo no se puede comprender, sino para poder expresar la experiencia misma, impactante a veces para el mismo que la vive, ya que nuestras creencias que hacemos a veces inamovibles, miedos inculcados y adoctrinamientos, nos ciegan y nos cierran a poder observar y vivir la Vida y la Muerte desde otras perspectivas dimensionales diferentes, negando las evidencias, negando las experiencias compartidas, incluso vividas en carne propia...poniendo resistencia a las múltiples verdades nacidas de unos y de otros, "sus verdades"... Ciertamente nos duele cuando alguien desaparece "fisicamente" de nuestro lado...el fuerte apego y el echo de no poder abrazarlo, besarlo, estar a su lado, compartir...es como si nos arrebataran una parte de nosotros...aún no tenemos consciencia desarrollada de "unidad en la multidimensionalidad" y ésto, nos cierra a otras posibles formas de comunicación que no sea el contacto físico/ material...pero todo irá llegando, todo se irá dando a medida que la comprensión y el re-cuerdo se vaya ampliando....Gracias por compartir éste material, que a unos y otros nos ayuda tanto en éste caminar...Besos!

Anónimo dijo...

Ciertamente es una lectura intensa, aunque compleja, nos va abriendo a otra dimensión de entendimiento.
Gracias por darnos nuevas formas de ver éste acontecimiento que forma parte del ciclo evolutivo.
Con mucho gusto os invito a unos cafés, pues soy consciente de vuestra labor al compartir un material que tanta luz y paz nos trae. Con Amor os saluda Marcos.