24/3/10

No Tuve tiempo .. El Tiempo que pasa no vuelve


Carta a un Amigo
"No Tube Tiempo"


Querido Amigo:

Te escribo porque tengo necesidad de decirte algunas cosas de mi vida que me pesan profundamente y que sólo tú puedes comprender.
Aunque me duele confesar mi verdad ha llegado el momento de confiártelas.

No había tenido tiempo para hacerlo antes.
Amigo: no he tenido tiempo para escucharte, mucho menos para merecer tu amistad, pero la verdad siempre consideré que contigo no iba a poder hacer negocios.

Tu conversación me parecía intrascendente, sentía que iba a perder mi tiempo sin sentido.
Sé que me buscaste más de una vez, que tenías necesidad de que te escuchara.

Y esperabas mi comprensión y consuelo, pero la verdad: mi tiempo lo dediqué solamente a aquellos que me dejaban dinero.
Ahora entiendo qué importante es tener amigos en la virtud y no solamente socios en la utilidad.

Ahora sé que la amistad es un solo corazón que late en dos cuerpos y que es expresión sublime del amor.
Te confieso: que me siento solo.

Y que he comprendido que únicamente lo barato se compra con dinero, que un amigo sincero no tiene precio.

No tuve tiempo para amar a mis padres, aquellos ancianos que dieron la vida por mí.

Aquel hombre que puso todo su esfuerzo para forjar en mi un ser de provecho y aquella mujer que tejió mi alma con su ternura y paciencia; que cuidó de mí hasta el fin de sus días y que siempre me concedió su comprensión y su perdón.

Pero cómo fastidiaban con sus achaques de viejos y quién iba a tener tiempo de aguantar sus eternas conversaciones y anécdotas repetidas mil veces, viviendo siempre en el pasado.

Recuerdo, cómo esperaban noticias mías, haciendo suyas mis derrotas y alegrías.
Ahora que soy padre comprendo, que el amor es en esencia paciencia y capacidad de perdón.

Cuánto me toleraron. Pude haberles dado un poco más de mi tiempo en su soledad.

No tuve tiempo para estar cerca de mi hermano.
Guardábamos tantas rencillas y diferencias…
Fuimos concebidos en el mismo vientre y las mismas lágrimas curaron nuestras heridas.

Sé que me necesitaba, pero nunca lo conquisté como amigo, pudimos haber sido entrañables compañeros.

No tuve tiempo para amar a mi pareja, cuya ofrenda de adolescencia fueron su juventud y sus ilusiones.
No tuve tiempo para darle la felicidad que buscaba cuando se unió a mí.


Cuántas humillaciones y desprecios sufrió porque creí que no comprendía mi lucha y realización. Ahora sé, que su silencio fue presencia y compañía.
Que era parte de mi aventura verdadera de vivir, pero la olvidé en el camino.

No tuve tiempo para amar a mi nación, tierra a la que pertenezco, tierra que todos los días me entregó sus frutos, lugar de oportunidades, de realizaciones, origen de mis hijos y mi hogar.

Sólo me serví de ella, encerrándome en mi bienestar, no comprendiendo el esfuerzo que hicieron mis antepasados, ni la sangre que tantos valientes derramaron para ofrendarme la libertad.

Ahora comprendo que en nuestro lugar es donde nuestro origen ha germinado, que es el espacio donde tenemos el compromiso de mejorar.

Cuántas injusticias a mi alrededor. Cuánta necesidad de niños marginados, de campesinos con manos encallecidas que ven sus esperanzas truncadas.

Pero yo, solamente tenía tiempo para mi bien vivir.
Después de todo lo que me ha dado reflexiono: mi país ha sido bueno conmigo y me pregunto: ¿Habré sido yo bueno para mi nación?

No he tenido tiempo para amar a mis hijos, estuve siempre tan atareado en cosas tan importantes como el trabajo diario, las finanzas, la televisión y muchas ocupaciones que los pequeños no entienden.

Les debo: las caricias que siembran la generosidad en el corazón de los niños, el escucharles, para que sientan la dulzura de la compañía, el patear un balón para que aprendan a dar espacio a la alegría, una sonrisa para que sepan sonreír a la vida.

No tuve tiempo de verlos crecer, pues yo justificaba mi ausencia por su bien. Tenía tanto trabajo, que me olvidé de forjarles para una vida superior. Pero qué sabían ellos que dura era la realidad.

¡Qué equivocado estaba…! me preocupé por darles todo lo necesario pero olvidé formarles un corazón que tuviera ideales y fortaleza para vivir.

Recuerdo, sus caritas de niños y sus miradas suplicándome un beso de ternura…, pero creía que yo no tenía tiempo para cursilerías.

Al adolescente lo marginé y me negué a comprenderlo en su despertar, a encontrar un destino alto y noble y apoyarlo en su plena realización.

No tuve, más que críticas y sermones severos que únicamente me alejaron de él.
Ahora me pregunto: ¿Qué calidad de hijos heredé al mundo?


Y ahora que tengo un poco de tiempo pido perdón:

A mi amigo querido y no buscado.

A mis padres entrañables y abandonados.

A mi hermano, lazo de sangre olvidado.

A mi pareja, parte de un sueño truncado.

A mi nación, tierra desgarrada y no cultivada.

A mis hijos, parte de mi ser y tiempo que no ha de volver.

A ti, mi Dios, amigo mío, te pido ahora que conoces mis secretos que me des un poco de tu tiempo para que me acompañes en mi vejez.

Te pido que nos hagas comprender que el tiempo no perdona y que es nuestra vida lo único valioso que podemos ofrecer a los seres que amamos y que nos aman.

Me arrepiento Señor, porque no tuve tiempo para amar.
Quisiera tener tu presencia cerca de mi alma ahora que me he decidido a vivir.

¡Señor! No será demasiado tarde para que me decida amar?

Te prometo, Señor, que hoy será el primer día del resto de mi vida y que hoy tendré tiempo para ser feliz.

 (Miguel Ángel Cornejo)


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El tiempo que pasa no vuelve




Y cuando menos lo pienso, me doy cuenta de cómo pasa veloz el tiempo...

A los seres que amamos los tenemos al lado. 
Muchas veces hasta los ignoramos, no nos portamos con ellos como se merecen.
Y sin darnos cuenta, llegará el día que los añoremos y cuando queramos sentirlos cerca ya no estarán, se habrán ido para siempre.

El tiempo ha pasado y será demasiado tarde. 
Ya no se podrá decir lo que nunca se dijo, y mucho menos se podrán dar los detalles que en su tiempo no dimos.

Construimos sueños lejanos, los acariciamos de lejos, posponemos nuestra lucha por ellos, 
hasta dejamos ir las oportunidades porque creemos que después será mejor y habrá más tiempo.

Pero cuando menos lo pensemos, y queramos intentarlo de nuevo, todo habrá pasado… será demasiado tarde. 
Y no es pesimismo decir lo que digo, tampoco es una lucha contra el tiempo, es ante todo saber valorar el sagrado momento de vida que no se repite.
Se nos da para usarlo bien y vivirlo con coherencia y armonía.

Los niños no se quedarán siendo niños, cada día irán creciendo, 
y tarde o temprano partirán del nido y volarán lejos, ya no volverán a ser niños. 
Y el tiempo que no compartimos con ellos no será igual, ya habrán crecido.

En una semana no se recuperarán las materias que por no estudiar en todo el año perdimos. 
Y cuando queramos reaccionar, el año estará reprobado, habremos caído, y si no reaccionamos, quizá hasta fracasemos.

La vida no es comprada, nada es eterno... todo pasa en el tiempo. 
Y aún hay quienes dicen que viven aburridos, que no hay nada que hacer o que sienten que todo esta hecho, que sólo esperan lo que ha de venir...


Pero el tiempo es sagrado, cada segundo se vive solo una vez, jamás se nos repite, 
el tiempo perdido no volverá, y nadie por mucho que crea saber, podrá adivinar lo que le falta por venir.

Muchas veces no pensamos en lo que hoy tenemos y que mañana tal vez no esté… 
seres queridos, oportunidades, amor, cariño, atenciones, salud, trabajo… tesoros que no valoramos en su tiempo y que cuando queramos disfrutarlos ya no los tendremos, habrán pasado, se los habrá llevado el tiempo.

Lo que no valoramos, las palabras que nunca dijimos, el cariño que no demostramos, las personas que estando a nuestro lado nunca disfrutamos, el esfuerzo que no hicimos en su momento, el sueño que desde lejos abrazamos… 
Lo pudimos hacer ayer y no lo hicimos, aquello que pospusimos por pereza o cansancio... todo ello, va abrazado con el tiempo.

Por ello, aprovecho al máximo mi hoy, comprendí que no hay que desesperarse ni confiarse demasiado por aquello que queremos, porque la Vidas a cada cosa le da su momento; 
simplemente hay que estar atentos, para que no nos tome desprevenidos, nuestro hermano 
EL TIEMPO.
                         
 Mario web