29/6/13

La esencia del entusiasmo

La esencia del entusiasmo


Pere Tarrés nos inspira ver que detrás de cualquier gran obra, gran trabajo, gran proyecto, gran amor, del signo que sea, cultural, artístico, económico, afectivo o familiar, debe haber entusiasmo. Raramente se tiene en cuenta esta virtud o cualidad a la hora de describir la vida humana y a pesar de ello juega un papel decisivo..

Un ser humano empujado por esta energía interior que es el entusiasmo es capaz de grandes cosas, de arriesgarse y de darlo todo, de entregarse en cuerpo y alma a una obra, a una persona, a un proyecto. El entusiasmo es como un rapto interior, una fuente de energía que empuja a obrar y a superar contrariedades. Quien está entusiasmado con un libro, busca todos los momentos para leerlo. Quien está entusiasmado con una música, busca todos los instantes posibles para escucharla. El entusiasmo es la sal de la vida y vivir sin experimentar nunca esta energía creadora y expansiva lleva un vivir muy gris, monótono y vacío. El entusiasmo no es pura irracionalidad, ni tampoco una especie de locura. Rompe los esquemas racionales y en él hay algo de divino, de sobrenatural, pero no por ello es una fuerza ciega, absurda.

Pero el entusiasmo es pasajero. Tarde o temprano pasa. No se puede estar permanentemente entusiasmado, pero sí que se puede alimentar el entusiasmo con nuevos elementos, nuevos descubrimientos que excitan, de nuevo, el deseo. Para llegar a hacer una gran obra, a tener éxito en una relación amorosa o a hacer funcionar un negocio, no es suficiente sólo con entusiasmo, con el empuje inicial; se necesita, además, disciplina, entrega, continuidad, don de la oportunidad y sentido crítico. Una institución necesita de personas entusiasmadas con su proyecto, porque sin ellas se convierte en una instancia que repite mecánicamente los procesos. Una relación necesita el aliento del entusiasmo para que no decaiga en la rutina y en la monotonía, pero también la disciplina y la continuidad para hacerla crecer...

El entusiasmo rompe con la rutina y la continuidad, hace latir el corazón, acelera la ilusión y hace vencer contrariedades de toda índole. También un país necesita personas entusiasmadas con su realidad nacional. La desafección, el pasotismo, en todos los órdenes de la vida, conduce a la decadencia.

Recojo algunos pensamientos de Pere Tarrés que tienen gran interés:

“El entusiasmo –dice- es la cualidad esencialmente indispensable en toda organización que aspire a la conquista de grandes cosas... Entre las obras de juventud es un factor ineludible.

“Todos los hombres, no importa la disciplina que ejerzan, cuando se dejan llevar por el entusiasmo es cuando el fruto de su trabajo es más intenso, más admirable, más creativo. El artista lleno de entusiasmo en el momento de la concepción de su obra y que se deja arrastrar por su fuerza impetuosa en las horas que siguen a su ejecución, pone en aquel cuadro, partitura o escultura algo de su propia vida, su propia alma que hace que aquella obra viva tanto como el alma de su autor.

“Y lo mismo diríamos del hombre de ciencia y del obrero manual; en cada uno de sus trabajos dejan huella de aquella fuerza invisible, pero que sentís respirar en vuestro entorno.

“El entusiasmo es vida, es amor, es audacia, es talento, es en una palabra... "potencia creadora". Es toda el alma que se manifiesta llena de ideal. Es la antítesis de aquella fineza fría, irónica; es el polo opuesto al derrotismo, es el preludio de la victoria, gracias al cual el alma se mantiene incorruptible, se mantiene sana, dando pasos confiados y certeros para vencer a las termitas de la inercia y la cobardía”. -

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